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  • “God with us”: Mary’s faith in Advent

    Mt 1:18 Fourth Sunday of Advent At every level of the evangelical tradition, Mary is above all the “Mother of Jesus.” Various texts refer to her simply with this title (Mk 3:31ff; Lk 2:48; Jn 2:1–12; 19:25ff). In it, her entire role in the work of salvation is defined. The person who lived Advent most perfectly—as a faithful and ardent expectation of Jesus the Savior, in the midst of the darkness of faith and the ambiguities and trials of the human condition—was the Virgin Mary. Today’s Gospel once again shows the human dimension of her motherhood: God chose to come to earth in the humility of a home that, like any family, experienced difficulties and misunderstandings. These challenges were overcome by Mary’s fidelity to the promises of the Spirit and by Joseph’s loyalty to his wife and to the signs of God. In the Magnificat, Mary expresses a Palestinian tradition that preserves more the meaning of her prayer—model of the faith of God’s people—than the exact words themselves. Following the classical form of a psalm of thanksgiving and drawing on the traditional themes of the psalter, Mary proclaims something new: the Kingdom of God is present (Lk 1:46–55). The Gospels do not tell us much about Mary and Joseph, about their expectation of the coming Jesus, nor about their quiet collaboration in the mystery of the Incarnation and redemption. It seems the early Christian community did not feel the need to multiply their stories and sayings, because their holiness and their importance in the life of the Church were evident to everyone; they were part of the life of Christ and of Christianity as the air is part of our life. Mary and Joseph have always been praised for their hidden virtues and for accepting an extraordinary mission within the most ordinary circumstances: daily work, family duties and participation in the life of a poor and obscure village. “Can anything good come from Nazareth?” (Jn 1:46). They are a sign of hope for our society, which, in the end, cannot do without ordinary human tasks or daily routines. It is there—in whatever social setting we live each day—that fraternity, justice and freedom are built, as children of God. With the song of the Magnificat, let us unite ourselves to Mary to welcome Jesus, who invites us to be His mother and His brothers (Mt 12:46–50; Mk 3:31–35; Lk 8:19–21). “You shall name him Jesus,” “Emmanuel,” meaning “God is with us.” And when the moment arrived, the angel of the Lord announced: “I bring you good news of great joy… Today a Savior has been born to you” (Lk 2:10).

  • “Dios con nosotros”: La fe de María en el Adviento

    Mt 1, 18 Cuarto Domingo de Adviento A todos niveles de la tradición evangélica es María ante todo la “Madre de Jesús”. Diversos textos la designan simplemente con este título (Mc 3,31s; Lc 2,48; Jn 2,1-12; 19,25s). Con él se define toda su función en su obra salvadora. La persona que mejor ha vivido el Adviento como fiel y ardiente espera de Jesús Salvador, en medio de la oscuridad de la fe y de las ambigüedades y pruebas de la condición humana, ha sido la Virgen María. El Evangelio de hoy vuelve a ilustrar una vez más la condición humana de su maternidad; Dios quiso venir a la tierra en la humildad de un hogar que pasó por las dificultades y los malentendidos de cualquier familia, superadas por la fidelidad de María a las promesas del Espiritu, y por la lealtad de José a su mujer y a los signos de Dios. En el cántico del Magnificat: María, transmite una tradición Palestinense que conserva el sentido de su oración, modelo de la fe del pueblo de Dios. Según la forma clásica de un salmo de acción de gracias y sirviéndose de los temas tradicionales del salterio: celebra María un hecho nuevo: El Reino de Dios está presente. (Lc. 1,46-55). El Evangelio no nos cuenta mucho de María y José, de su espera de Jesús, que venía, ni de su silenciosa colaboración en el proceso de la encarnación y redención. Parecería que la primera Comunidad cristiana no tenía necesidad de multiplicar sus hechos y palabras, ya que la santidad y la importancia de ambos en la vida de la Iglesia eran evidentes para todos; formaban parte de la vida de Cristo y del cristianismo como el aire forma parte de nuestra vida. Se ha alabado a María y José por sus virtudes ocultas y por haber aceptado de una misión extraordinaria, envueltos en la condición más ordinaria de la vida de un pueblo, con un trabajo normal, y las tareas de la familia, parti- cipando en la vida de un pueblo pobre y oscuro “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 2,46). Ellos son signo de esperanza para una sociedad que, en última instancia, no puede prescindir de de las tareas humanas ordinarias ni de la rutina diaria. Es ahí, en cualquier sistema social en el que se vive día a día, la fraternidad, la justicia la libertad, como hijos de Dios. Con el canto del Magnificat, unámonos a María, para dar la bienvenida a Jesús, que nos invita a ser su madre y sus hermanos. (Mt 12-46-50; Mc 13, 31-35; Mc 8, 19-21). “Le pondrás por nombre Jesús”. “Emanuel” (“Dios con nosotros”). Y, llegado el momento, el ángel del Señor anunció: “Vengo a comunicarles una buena nueva que será de mucho gozo … Hoy ha nacido un Salvador…” (Lc 2,10).

  • Saint Jerome acoge el Tercer Congreso de Hombres Católicos de Idaho

    La parroquia de Saint Jerome recibió con hospitalidad a los casi 200 hombres que asistieron al Tercer Congreso Católico de Idaho, una jornada de charlas, reflexión, adoración y convivencia, el pasado 22 de noviembre. (ICR foto/Cortesía Sal y Luz Radio) Verónica Gutiérrez Editora Asistente JEROME. - La parroquia de Saint Jerome fue sede del Tercer Congreso de Hombres Católicos de Idaho, un evento organizado por la estación de radio Sal y Luz, que reunió a cerca de 200 hombres provenientes de diversas parroquias de la Diócesis de Boise. El encuentro incluyó charlas formativas, momentos de adoración, confesiones y espacios para compartir experiencias, en un ambiente de fraternidad y renovación espiritual. Entre los conferencistas invitados participó el Padre Ramón Celestino Rosas, quien destacó la importancia de convocar a los hombres dentro de la vida de la Iglesia. “Es difícil convocar a los hombres, por eso es tan valioso verlos abiertos a la fe y a la gracia de Dios”, afirmó. El sacerdote reconoció haber visto en ellos “docilidad, piedad y mucha atención” durante las conferencias y momentos de oración. “Estoy contento y agradecido con Dios por esta experiencia que enriquece mi ministerio sacerdotal”, añadió. Padre Jesús González, Párroco de Saint Jerome; Padre Caleb Vogel, Vicario General de la Diócesis y los diáconos José Medina, Jaime Alamillo, Jeffrey Powers, Miguel Serna y Salvador Carranza, (ICR Foto/Cortesía Sal y Luz Radio) Durante su visita al Estado de Idaho el Padre Celestino también tuvo la oportunidad de visitar la estación de Radio Sal y Luz y participar del Programa Nuevo Amanecer que se transmite en vivo de lunes a viernes. Durante el programa el Padre Celestino fue entrevistado por Ramiro Tapia y además de referirse al Congreso también habló de otros temas como el adviento. El Padre Celestino compartió reflexiones basado en su profundo conocimiento sobre la formación de discípulos que ha abordado en su libro La pedagogía de Jesús y la formación de sus discípulos a la luz del Proyecto Global de Pastoral (PGP) donde destaca que cada persona crece espiritualmente desde experiencias distintas, pero que nadie comienza desde cero. Explicó que uno de los elementos fundamentales para el crecimiento integral es trabajar la dimensión humana. Afirmó que existen riquezas en las personas, pero lo que hace falta es darle orden y enfocarse en elementos que son fundamentales para el crecimiento humano. Su interés por destacar la parte humana dijo, proviene de que aun cuando podemos abordar otros temas como la gracia y el pecado, hay realidades que afectan a las personas y que le impiden aprovechar todas las gracias que el Espíritu Santo nos ofrece a través de sus dones. El Padre Celestino, reconoció que con frecuencia los seres humanos llevan heridas del pasado que tienen que ver con sus historias familiares con situaciones difíciles de pobreza, violencia o abandono. “Muchos cargan resentimientos o heridas profundas; es como un recipiente roto que no puede retener la gracia”, señaló. Es complicado, agregó, para muchas personas olvidar cosas que les hicieron daño y lamentablemente es como un recipiente dañado y reventado que poco puede retener, no obstante, nunca dejamos de ser discípulos. Sobre el tema del adviento el Padre Celestino aseguró que es un tiempo propicio para revisar el corazón, sanar y prepararse espiritualmente para la llegada del Señor. El Adviento: tiempo de preparación y vigilancia Corona de Adviento en la Parroquia de Our Lady of Good Counsel en Mountain Home. (Foto / Vero Gutiérrez) El sacerdote explicó que el Adviento tiene una doble mirada: La escatológica, que recuerda la certeza de la segunda venida de Cristo y la histórica, que celebra el nacimiento del Hijo de Dios hace más de dos mil años. Así que destacó que el adviento es un tiempo de espera que nos prepara para la gran celebración de la Navidad y para que nuestro corazón se vuelva a encender y sentir la presencia de Dios cercana. Subrayó la importancia de vivir este tiempo con responsabilidad espiritual, pues “Cristo volverá no como niño ni como buen pastor, sino como juez”, haciendo eco del Evangelio de San Mateo capítulo 24. Por ello, invitó a los fieles a recurrir a los medios espirituales que ofrece la Iglesia, como la confesión y la Eucaristía. El Padre Celestino Rosas destacó además la tradición de la corona de Adviento, sus colores y su origen histórico, recordando que la Iglesia “inculturó” antiguas celebraciones romanas para darles un sentido cristiano: Cristo como el Sol que vence definitivamente a la oscuridad. Una parte central de su reflexión giró en torno al desafío del amor cristiano, que va más allá de la reciprocidad. “Muchos terminan cansados cuando aman esperando algo a cambio. Ese es un amor humano. Cristo nos enseñó un amor de donación total”, dijo. Afirmó que la verdadera felicidad no depende de lo que otros hagan, sino de la relación personal con Dios: “La felicidad depende de lo que tú permites que Dios haga en tu vida”. Recordó que en la vida diaria —familia, enfermedad, dificultades matrimoniales o heridas del pasado— cada persona encuentra oportunidades reales para santificarse y santificar a los demás. El Padre Celestino, comentó que las personas pueden alcanzar la santificación en su propia casa cuando viven con paz en medio de las dificultades familiares. Si renunciamos a vivir con paciencia y misericordia situaciones que no podemos cambiar, dijo, nos alejamos de la santidad. Pero si las abrazamos con fe, estamos aprovechando esas dificultades de la vida para alcanzar nuestra santificación. El Padre lamentó que en muchas familias contemporáneas Dios ha sido desplazado del hogar, reemplazado por prácticas que buscan respuestas espirituales equivocadas, como amuletos, cristales o corrientes esotéricas. “Dios no es una opción; es una necesidad profunda del ser humano”, afirmó e invitó a las familias a evaluar la calidad de su fe y a recuperar la vida sacramental, la oración y la centralidad de Dios en el hogar. “No existe alguien que esté cerca de Dios y sea mala persona”, finalizó. La batalla espiritual y el rol del hombre en la familia El Padre Rito Guzmán, sacerdote religioso de la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, fue otro de los conferencistas que abordó el tema guerrero en la batalla espiritual y partiendo de la Carta de San Pablo a los Efesios hizo un llamado a los hombres para revestirse de la armadura de Cristo. Habló sobre las tentaciones que afectan hoy a los hombres: indiferencia espiritual, tibieza, distracciones, desgaste emocional, la pornografía y falta de propósito. En su mensaje el Padre Rito insistió en que el hombre tiene un papel esencial en la transmisión de la fe: “Si el padre no vive su fe, los hijos nunca la aprenderán”, recalcó. Por ello, animó a los participantes a orar diariamente, a educar con el ejemplo y a asumir la responsabilidad espiritual de su hogar. “Los valores, añadió, se comunican a través de las acciones”. Describió la oración como “el oxígeno del alma”, especialmente necesaria en momentos de crisis: deportación, separación familiar o problemas matrimoniales. Estar anclados en la oración, indicó, evita que la desesperanza destruya la vida espiritual. “La oración constante, insistió, crea una relación íntima con Cristo. El Padre Guzmán también exhortó a los asistentes a fortalecerse en la fe, formarse como líderes dentro de la comunidad hispana y asumir con valentía su misión en la Iglesia y en la familia. “Los hombres son el futuro de la Iglesia; necesitamos líderes hispanos dispuestos a acercarse de nuevo a Cristo”, afirmó.

  • Six candles and a life time of grace

    Each year a new calendar, featuring Idaho priests and their families, is printed and sold offering the proceeds to help support our seminarians and priests. Mary Lou Molitor, the publisher of these yearly calendars, once again, asked me to participate in the 2026 edition. The theme for this year was to submit a photo which included 12 priests with their mothers. Thus, I submitted the above photo for the month of December. The photo tells the story of my sixth birthday when my mother was teaching me, with the “help” of three of my four siblings at the time, how to blow out candles. Obviously, it doesn’t happen with mouths wide open. My mother is giving instructions on how to pucker my lips and then blow out while aiming at the lit candles. I finally got it, and my sixth birthday was then celebrated with a wish, a slice of her home-made birthday cake and lots of laughter. What patience she had, as I now recognize the many sacrifices, she made that can only be understood today as simple acts of love! On the second Sunday of this Advent I was invited by one of our priests to visit his extended family at an open house gathering. After making the invitation he asked if I’d be willing to anoint his elderly father at the same event. I gladly agreed to do so. Prior to attending, I offered this prayer in my heart for both his parents: “Lord, if there is anything you want me to mention to this couple, please give the words to say.” I had hardly finished, when these words came to my heart: “Tell them that I know the many sacrifices you have made for others during your lives. Some of these are known, however, many not fully recognized by those for whom they were offered. I also know the many sacrifices you have made on behalf of others which are no longer remembered by you.” When I had finished saying these words to the couple there was the audible sigh. The kind of sigh that comes when knowing you have been blessed – in this case a sigh including eyes filled with tears. The words given to me then: “Some of these are known, however, many not fully recognized by those for whom they were offered,” continue to resonate deep within my heart today as I reflect back on my sixth birthday December 24th, 1958. Just think, my mother had five of her eight children by that time and at this moment expecting her sixth. It’s the day before Christmas, with gifts to be wrapped, meals to be prepared, probably laundry to be done, a cake to bake and a birthday to be celebrated. All the while, she’s patiently and joyfully teaching her fourth child how to blow out his six birthday candles. What a loving sacrifice she was making. And, at the time, I had no real understanding of all she must have been going through in order to make this event so special and memorable for her child. Perhaps the same words spoken in my heart for the elderly couple could be spoken to her as well: “I also know, (Ann), the many sacrifices you have made on behalf of others which are no longer remembered by you.” I believe it’s important that we remember today that an act of love made in sacrifice for the well-being of others, does not go unnoticed by Our Lord, nor can they be forgotten even if we forget. As a child I knew I was cared for, but as I have grown older, even decades later, I have come to see these sacrificial moments as touchstones of grace that touch deep within the heart. These moments are commingled with Divine Grace reminding me that I am known and loved by God. My brothers and sisters, when we experience a taste of pure, selfless love by another, it is then that we are brought to realize, in an even deeper way, that Our Heavenly Father does indeed care for us; for human love touches on the eternal. With the experience of such love we touch upon a love that we have been created to receive from the beginning of time. When we receive and when we share sacrificial love from and for another, we share in a taste of God’s eternal love for us. This flow of Grace is what we celebrate each and every Christmas as we re-member how deeply loved we are as seen by Jesus’ birth at Bethlehem, and His life which follows here on earth. So many sacrifices made, some recognized, some unknown, and some yet to be revealed. They will be revealed when we have eyes that are opened and Blessed to see as children of God just how Loved we’ve been for all eternity. Merry Christmas! P.S. Just know on this birthday, if I receive a cake with 73 candles on it or not, I will make a wish and prayer that Our Lord’s goodness is even greater known to you and for all those you love. (Calendars can be purchased at Reilly’s Catholic Gift Store, Boise) Cada año se imprime y se vende un nuevo calendario, en el que aparecen sacerdotes de Idaho y sus familias, y cuyos beneficios se destinan a ayudar a nuestros seminaristas y sacerdotes. Mary Lou Molitor, la editora de estos calendarios anuales, me pidió una vez más que participara en la edición de 2026. El tema de este año era enviar una foto en la que aparecieran 12 sacerdotes con sus madres. Así pues, envié la foto de arriba para el mes de diciembre. La foto cuenta la historia de mi sexto cumpleaños, cuando mi madre me enseñaba, con la “ayuda” de tres de mis cuatro hermanos de entonces, a apagar las velas. Obviamente, no se hace con la boca abierta. Mi madre me da instruc-ciones sobre cómo fruncir los labios y luego soplar mientras apunto a las velas encendidas. Finalmente lo conseguí, y mi sexto cumpleaños se celebró con un deseo, una porción de su pastel de cumpleaños casero y muchas risas. ¡Qué paciencia tuvo! Ahora reconozco los muchos sacrificios que hizo y que solo hoy puedo entender como simples actos de amor. El segundo domingo de Adviento, uno de nuestros sacerdotes me invitó a visitar a su familia extendida en una reunión de puertas abiertas. Después de hacerme la invitación, me preguntó si estaría dispuesto a ungir a su anciano padre en el mismo evento. Acepté con mucho gusto. Antes de asistir, ofrecí esta oración en mi corazón por sus padres: “Señor, si hay algo que quieras que men-cione a esta pareja, por favor, dame las palabras para decirlo”. Apenas había ter-minado, cuando estas palabras llegaron a mi corazón: “Diles que sé los muchos sacrificios que han hecho por los demás durante sus vidas. Algunos de ellos son conocidos, sin embargo, muchos no son plenamente reconocidos por aquellos a quienes fueron ofrecidos. También sé los muchos sacrificios que has hecho por los demás y que ya no recuerdas”. Cuando terminé de decir estas palabras a la pareja, se oyó un suspiro. El tipo de suspiro que se produce cuando sabes que has sido bendecido, en este caso un suspiro acompañado de ojos llenos de lágrimas. Las palabras que me dijeron entonces: “Algunas de ellas son conocidas, sin embargo, muchas no son plenamente reconocidas por aquellos a quienes fueron ofrecidas”, siguen resonando profundamente en mi corazón hoy, mientras reflex-iono sobre mi sexto cumpleaños, hace sesenta y siete años, este 24 de diciembre. Piénsese que mi madre tenía cinco de sus ocho hijos en ese momento y estaba esperando el sexto. Es la víspera de Navidad, con regalos que envolver, co-midas que preparar, probablemente ropa que lavar, un pastel que hornear y un cumpleaños que celebrar. Mientras tanto, ella enseña con paciencia y alegría a su cuarto hijo cómo apagar las seis velas de su cumpleaños. Qué sacrificio tan amoroso estaba haciendo. Y, en ese momento, yo no comprendía realmente todo lo que ella debía estar pasando para hacer que este evento fuera tan especial y memorable para su hijo. Quizás las mismas palabras que pronuncié en mi corazón para la pareja de ancianos también podrían decirse a ella: “También sé, (Ann), los muchos sacrifi-cios que has hecho por los demás y que ya no recuerdas”. Creo que es importante que recordemos hoy que un acto de amor realizado en sacrificio por el bienestar de los demás no pasa desapercibido para Nuestro Señor, ni puede ser olvidado, aunque nosotros lo olvidemos. De niño sabía que me cuidaban, pero al hacerme mayor, incluso décadas después, he llegado a ver esos momentos de sacrificio como piedras angulares de la gracia que llegan al fondo del corazón. Esos momentos se mezclan con la gracia divina y me recuerdan que Dios me conoce y me ama. Hermanos y hermanas, cuando experimentamos el sabor del amor puro y desinteresado de otra persona, es entonces cuando nos damos cuenta, de una manera aún más profunda, de que nuestro Padre Celestial realmente se preocupa por nosotros, porque el amor humano toca lo eterno. Con la experiencia de tal amor, tocamos un amor que hemos sido creados para recibir desde el principio de los tiempos. Cuando recibimos y compartimos el amor sacrificial de y para otra persona, compartimos una muestra del amor eterno de Dios por nosotros. Este flujo de Gracia es lo que celebramos cada Navidad al recordar cuán profundamente somos amados, tal como lo demuestra el nacimiento de Jesús en Belén y su vida aquí en la tierra. Tantos sacrificios hechos, algunos reconocidos, otros desconocidos y otros aún por revelar. Serán revelados cuando tengamos ojos abiertos y bendecidos para ver, como hijos de Dios, cuán amados hemos sido por toda la eternidad. ¡Feliz Navidad! P.D. Ten en cuenta esto en este cumpleaños, reciba o no un pastel con 73 velas, pediré un deseo y rezaré para que la bondad de Nuestro Señor se mani- fieste aún más en tu vida y en la de todos tus seres queridos. (Los calendarios se pueden comprar en la tienda de artículos religiosos de Reilly en Boise).

  • LA BATALLA POR LA INOCENCIA:LOS NIÑOS Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

    Por Diácono Thomas Middleton Los niños son vulnerables a los efectos del mundo digital y están siendo moldeados por fuerzas más poderosas de lo que su capacidad de desarrollo puede manejar, incluido su desarrollo espiritual. Cada vez hay más pruebas que apuntan al hecho de que el cerebro en desarrollo de un niño es muy sensible, y la exposición excesiva a los dispositivos electrónicos y a los algoritmos impulsados por la inteligencia artificial (IA) crea daños neurológicos, psicológicos y sociológicos medibles y demostrables. Solo podemos imaginar lo que esa exposición está haciendo a sus almas inocentes.   Existe consenso entre los investigadores en que la sobreexposición a los dispositivos digitales y a los algoritmos impulsados por la IA crea diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de los usuarios habituales. Esta exposición excesiva da lugar a un deterioro de la función ejecutiva del cerebro e incluso a una reducción de la capacidad de atención. Se ha observado un retraso en el desarrollo del lenguaje en los niños pequeños. La sobreestimulación electrónica crea una desregulación emocional. El efecto de la luz azul, las notificaciones constantes y el contenido estimulante del entorno electrónico provocan trastornos del sueño, lo que a su vez perjudica la maduración neurológica. Cuando se permite que los dispositivos electrónicos sustituyan a la interacción humana real, los niños desarrollan déficits en sus habilidades sociales.   Muchos adultos que trabajan hoy en día en el ámbito educativo están reconociendo en los jóvenes síntomas comunes de apatía, falta de motivación, privación del sueño, aislamiento social e incluso insensibilidad emocional. Se trata de un resultado previsible causado por las tecnologías electrónicas diseñadas para mantenerlos conectados, entretenidos y atentos. Para los niños, la tecnología digital no es neutral. Los teléfonos, las tabletas, las aplicaciones y las plataformas de redes sociales están diseñados intencionadamente para captar su atención activando el sistema de recompensa de dopamina del cerebro. Sufren de agotamiento de dopamina. Resulta que el cerebro percibe el mundo electrónico como real y reacciona en consecuencia.   Como persona humana, el niño es creado por Dios como un ser unificado, cuerpo y alma, cuyo crecimiento espiritual depende de una mente y una vida emocional sanas, de la capacidad de establecer relaciones, de la capacidad de formarse moralmente y de la libertad de elegir el bien. Santo Tomás de Aquino dijo que la gracia se basa en la naturaleza. Si es así, entonces también debemos suponer que, en el vacío electrónico de la IA sin Dios, donde los niños son consumidores más controlados que agentes morales libres, su formación moral y espiritual se produce sin todas las cosas buenas que nos hacen plenamente humanos: la fe, la gracia, la verdad, el amor abnegado, la oración, la comunión y la conciencia.   Como adultos católicos, líderes, padres y abuelos, debemos considerar estos efectos no solo como psicológicos e incluso físicos, sino también profundamente espirituales. Cuando la atención de los niños se ve moldeada por contenidos electrónicos de rápida evolución, imágenes brillantes y gratificación instantánea, la vida normal se vuelve aburrida. Las alegrías naturales de la vida —la amistad, el juego, la comida, la belleza— quedan relegadas por las recompensas electrónicas. La capacidad de prestar atención e incluso de estar presente se ve mermada. El silencio se vuelve insoportable. Los deseos espirituales más profundos del niño se debilitan. El deseo de Dios se disipa. El Papa Francisco dijo: “Cuando las vidas se pasan detrás de una pantalla, las almas pueden quedarse dormidas”.   Muchos padres y educadores están observando un entumecimiento espiritual en sus hogares y escuelas. Los niños que antes amaban jugar al aire libre ahora prefieren el aislamiento. La comunicación verbal es críptica. El entusiasmo y la curiosidad por la vida desaparecen. A menudo, los padres se ven atrapados en el mismo ciclo de recompensa de dopamina. Llegan a casa cansados del trabajo y buscan sus teléfonos. En lugar de interactuar con la familia, se aíslan detrás de pantallas electrónicas y dentro de programas electrónicos.   Los niños, en lugar de recibir la seguridad de sus padres de que están a salvo dentro de una familia y un hogar amorosos, recurren a sus dispositivos electrónicos en busca de consuelo e incluso de la sensación de tener una relación. Se vuelven insensibles. Las relaciones familiares, las amistades, la oración, la música, la naturaleza, el desarrollo de la virtud, la curiosidad e incluso la alegría de vivir quedan subordinadas a la relación omnipresente que mantienen con las imágenes, los personajes y las voces de la IA en sus dispositivos. Los algoritmos de IA explotan los instintos sociales naturales de los niños.   Pero hay esperanza. Los padres siguen teniendo la capacidad de ejercer una enorme influencia en la vida de sus hijos. Los niños prosperan cuando los adultos crean una cultura saludable en la escuela y en casa. En primer lugar, los adultos deben encontrar la fuerza para dejar sus teléfonos y romper sus propios bucles de retroalimentación inducidos por la dopamina. En segundo lugar, necesitan encontrar la energía para establecer límites reales: ayuno tecnológico, comidas sin tecnología, dormitorios sin dispositivos, límites en el tiempo de pantalla, horas de silencio designadas en las que se les da a los niños el regalo del aburrimiento y el espacio para la imaginación y la creatividad.   El objetivo no es eliminar la tecnología, sino controlarla y reordenarla para que no seamos nosotros los que estemos controlados. Los dispositivos electrónicos deben servir al bienestar de los niños y las familias, no socavarlo. Al fin y al cabo, los dispositivos cibernéticos y la inteligencia artificial son solo herramientas, aunque muy poderosas. Al igual que otras herramientas humanas, pueden utilizarse para el bien o para el mal. Para garantizar el bien, los hábitos digitales deben apoyar las prácticas espirituales: buscar a Dios, asistir a misa, confesarse, rezar y ayudar a los menos afortunados.   Las prácticas digitales deben apoyar las necesidades físicas y psicológicas de los niños: el juego no estructurado, la construcción de amistades, el conocimiento del amor y la seguridad de su familia, la risa, la alegría y la belleza. Todo lo que fortalezca la libertad real, la atención, el asombro, la quietud interior, la capacidad de tener relaciones, los ritmos del cuerpo y el alma, también fortalecerá la capacidad del niño para conocer a Dios, amar a los demás y crecer en la virtud.   Los niños, en virtud de ser personas humanas creadas a imagen de Dios, tienen dignidad y derechos espirituales. Nos han sido confiados por Dios y tienen derecho a ser protegidos como sus hijos amados con almas inmortales. Los niños tienen derecho a que se les presente a Dios y a saber que Él los ama. Tienen derecho a conocer las verdades de la fe y a ser educados en ella. Los niños tienen el derecho espiritual a ser criados en una familia estable y amorosa y por padres que sean modelos de virtud cristiana. Tienen derecho a crecer en santidad y a no ser inducidos al pecado.   Los adultos, especialmente los padres, tienen la responsabilidad de invertir tiempo y esfuerzo en proteger e incluso rescatar a los niños de la prisión del uso compulsivo de los dispositivos electrónicos y del impacto que esto tiene en su bienestar físico, mental y espiritual. Debemos interrumpir el patrón repetitivo de desencadenantes y comportamientos manipulados que los alejan del conocimiento de Dios y de la verdadera libertad. Debemos devolver a nuestros hijos el poder que Dios les ha dado para elegir a Cristo.   Nota: Utilicé programas de inteligencia artificial para realizar la investigación necesaria para completar este artículo.

  • Wisdom of Jesus should be applied to immigration issue

    Editor’s note: The following homily addresses the issue of immigration as a current and ever-challenging topic in our society and within the very life of the Church in Idaho. It was delivered by Father Tim Segert, parochial vicar at the Cathedral of St. John the Evangelist in Boise, during the Mass for the Thirtieth Sunday in Ordinary Time (Oct. 26, 2025). Drawing upon the day’s readings, Father Segert reflects on the call to justice, humility and the mercy of God as they relate to the moral and pastoral challenges surrounding immigration. By Father Timothy Segert, Parochial Vicar at the Cathedral of St. John the Evangelist, Boise It doesn’t take me to tell you that there is a major disagreement over immigration in our country right now. It’s not new, but it has definitely exploded recently. And, true to form, people immediately reach towards their favorite phrases or preferred political party to help express themselves. Tell me if any of these sound familiar: “Build the wall,” “America First,” and “Stop the invasion.” Or how about these: “No human being is illegal,” “Abolish ICE,” and “Build bridges, not walls.” This issue has come to be perhaps the main dividing line in our society right now, although it is certainly not the only issue. So what are we as Catholics supposed to do with this? The gut instinct is to reach for whatever is most natural for us. Some of us are immigrants, or know immigrants. Others have been affected by immigration in a negative way, perhaps by losing our jobs. So most of us already have a vested interest in how things go. But if we’ve learned anything from watching the news, acting purely on what our gut tells us isn’t always right. In fact, doing just that, without any kind of rational thought, has been exactly what has severely damaged our nation. What if we appealed to external truth instead? The Church has already given us a way of thinking about this matter, based on the wisdom of Jesus and His Church. Wouldn’t that be a better route? To do that, I would like to recommend that you read the Catechism of the Catholic Church, paragraph 2241 on this matter. It is extremely balanced and well-written. It’s a bit long, but I’m going to include it here because it’s more important than usual to hear the entire thing quoted: “The more prosperous nations are obliged, to the extent they are able, to welcome the foreigner in search of the security and the means of livelihood which he cannot find in his country of origin. Public authorities should see to it that the natural right is respected that places a guest under the protection of those who receive him. “Political authorities, for the sake of the common good for which they are responsible, may make the exercise of the right to immigrate subject to various juridical conditions, especially with regard to the immigrants’ duties toward their country of adoption. Immigrants are obliged to respect with gratitude the material and spiritual heritage of the country that receives them, to obey its laws and to assist in carrying civic burdens.” To me, it boils down to two points: ● A person has the moral duty and responsibility to do everything necessary, sin excepted, to keep himself and his family alive. This may include taking drastic measures at certain times. ● At the same time, each national government has the responsibility to keep their respective nations safe and to preserve the integrity of their national sovereignty insofar as it is in line with the natural law. Most of us are going to have an inclination to accept one of these principles over the other. But the Catholic way is the “both/and” way. As Catholics, we must hold these principles in tension, instead of collapsing one into the other. On the one hand, there are people in absolutely desperate situations who do not have enough food, water or proper shelter to survive, or who are actively on the run from people who might harm them. These people actually have a moral obligation to protect themselves and their family, which can include relocating themselves across national boundaries if the need is that extreme. Think of the Holy Family, for example. Immigrants’ basic human rights and human dignity are retained at all times and do not depend on government recognition. That means everyone, at all times, has the right to life, food, water, shelter, safety, private property, religious freedom and bodily integrity. As I mentioned before, these cannot be taken away even if a person illegally enters into another country which is not his own. This is part of Catholic Social Teaching. But there is another part as well. We hear numerous times throughout the Old and New Testaments to respect our rulers in all things outside of sin. This includes the duty that each and every government on earth has to protect its citizens, preserve its own culture and language, and regulate who enters the country. To act contrary to this without grave cause - that is, only in cases of basic human rights - is sinful. This is part of Catholic teaching as well. Popes Francis and Leo have summarized it well by saying again and again that it is important “to welcome, to protect, to promote and to integrate.” First, the host nation should welcome those she is legally able to receive. This is done so as to protect both the immigrants and citizens who already live in the host country. Next, immigrants should be promoted - that is, what is good and wholesome about their prior cultures can be retained and celebrated, especially in a nation like ours. And finally (and very critically), it is a moral duty of the immigrant to follow the laws of the new country, learn and operate in its language and culture, and become legally recognized and productive members of society. In other words, to integrate. As you can already see, these principles will sometimes clash with each other. In fact, they already have clashed with each other. But that doesn’t mean we let go of either one. Doing so can result in imbalances or abuses on either side. There have already been reports of mistreatment of people in detention centers who have illegally immigrated to this country - we have seen it on the news. Our bishops have criticized these situations. There have also been problems from not regulating the common good of our nation - increased drug and sex trafficking, people who never integrate into the nation’s economy and culture, and even loss of faith due to lack of inculturation. These are problems as well. We as Catholics are tasked with the messy goal of bringing these two principles together in a harmonious way. To let go of either side is dangerous. I would like to end by referring us back to God’s word given to us in the book of Sirach. However we harmonize these principles, He is concerned with justice. Hear the first reading again in a new light: “The LORD is a God of justice, who knows no favorites. Though not unduly partial toward the weak, yet he hears the cry of the oppressed. “The Lord is not deaf to the wail of the orphan, nor to the widow when she pours out her complaint. The one who serves God willingly is heard; his petition reaches the heavens. The prayer of the lowly pierces the clouds; it does not rest till it reaches its goal, nor will it withdraw till the Most High responds, judges justly and affirms the right, and the Lord will not delay.”

  • St. Mary’s School launches $3 million capital campaign for upgrades

    By Gene Fadness For the ICR By outward appearance, St. Mary’s Catholic School in Boise looks old. It is. Built in 1949, the square red brick building lacks the contemporary look of today’s schools as well as the modern infrastructure. But the foundation of the school, inspectors note, is as strong as ever, stronger than schools built three and four decades later. Just as resilient are the teachers, staff and parishioners with the spiritual foundation to keep the school going, even through recent upheavals. Just three short years ago, school staff and parishioners wondered whether their school would last to celebrate its 75th anniversary in 2024. Enrollment was significantly down. Some grades were combined into one classroom with one teacher. There were rumblings that the diocese might close the school. In 2023, the downward trend in enrollment reversed. For nearly three years, the percent increase in enrollment has been in the double digits. A school that less than three years ago had fewer than 100 students now has 151, and there is no end in sight to the growth. “To quote a parishioner, ‘The people here are faithful and resilient,’ ” said Father John Kucera, pastor at the parish. Bishop Peter Christensen agrees. “With the recent school growth, the timing is providential for a renewed commitment to strengthening the foundation of Catholic education and parish life,” the Bishop wrote in a letter that launched a $3 million capital campaign to replace dated, drafty windows with energy-efficient windows, improve the building’s air conditioning and air flow as well as its lighting and accessibility. Also planned is an upgrade to the kitchen with a modernized warming kitchen, giving the school and parish the ability to host gatherings with greater hospitality and ease. The parish’s commitment to the school became very clear when a survey of parishioners asked them what improvements they deemed most important: the school upgrades, new parish offices and meeting spaces, or a new gymnasium. Parishioners ranked each of the projects with a high, medium or low priority. Of 240 responses, the vast majority chose the school upgrades. Even 60 percent of parishioners who did not have children or grandchildren or were alumni of the schools ranked the school upgrades first. The Omaha-based Steier Group that conducts fundraising campaigns for Catholic parishes scored the responses from one to 10 in priority. The school improvements came in with a score above 9, according to John Samson of the Steier Group. “Even those with no direct connection to the school came in at 9,” he said. “You might see that high a response in only about 20 percent of the projects we do.” To date, parishioners are backing up their choice of projects with their pocketbooks. By the time of the campaign’s official launch the weekend of Nov. 15-16, $480,000 of the $3 million had been pledged, the result of one-on-one meetings with some of the parish’s most involved families. The rest of the parish, sensing the enthusiasm, added their pledges after the launch weekend. By Nov. 21, the pledged amount was $914,300, almost a third of the goal. The response is reminiscent of the hardy families who raised the funds needed to build a church on farmland on Boise’s “western” end nearly a century ago, not long after the Great Depression. Located at 26th and State streets, the original church was built in 1937 and expanded in 2009. Pledges coming in so quickly means work on the projects can begin now rather than at the end of the three-year campaign. Samson said there is a good chance the windows will be replaced as soon as school gets out next summer. As parishioners walk by the school on their way to Mass and see their money already put to use, that should spur even more support for the campaign. Drivers passing by on busy State Street will see work being done on the school, sending a strong message that the now 76-year-old school is here to stay. Depending on the cost of the initial improvements – the projects still must be let out for bid – and the amount ultimately raised, there is a possibility that the parish offices and meeting and meeting space can be upgraded as well. The offices are in the former convent immediately west of the school, which housed the Benedictine nuns from St. Gertrude’s Monastery, who founded the school in 1949. Monsignor John J. Creegan served as pastor of St. Mary's Parish from 1937 until his death in 1974. (Courtesy photo) A tentative long-range plan is to raze the convent to build a new gymnasium and add desperately needed meeting and classroom space for the growing parish. Just more than 200 families joined the parish in 2024-25, a factor in contributing to the growth of the school. While pleased with the increasing enrollment, Principal Kevan Grant doesn’t want the school to exceed 200 students and lose the appeal of its low teacher-student ratio. Samson is impressed by the close collaboration between Grant and Father Kucera, an indicator that the parish and school communities are united, not always the case in some parishes when priests may want something different than principals. “These two collaborate well and are remarkably united,” he said. Neither Father Kucera nor Grant are surprised at the early success of the campaign. “Knowing how generous the parishioners are here at St. Mary’s, I cannot say I am surprised,” Father Kucera said, although the young priest who previously served smaller parishes as pastor is new to fundraising of this magnitude. “I must admit, starting a capital campaign was a little nerve-racking at first, but I have an incredible team of people advising me,” he said, adding, “I also believe that if we are doing the will of the Lord, the money will follow our mission, which is to help others know and encounter Jesus Christ.” In other words, a strong foundation, just like the old building that is St. Mary’s Catholic School.

  • Advent: Awakening to God’s Hour

    Second Sunday of Advent Matthew 3:1-12 As we return to the beginning of our liturgical calendar, we evaluate the progress of our life of faith in light of the expectations of the Kingdom of God. Advent is the time of God’s hour, the hour of salvation. Christ will renew His passage through history, keeping alive our hope that the Kingdom of God and the transformation of our hearts are possible. The Church and Christians are the prophets of this hour, called to “go into all the world and preach the Good News,” rekindling hope that is often frustrated by our failures. We must proclaim change and conversion so that hope may be transformed into effective love, drawing us out of ourselves and into the brotherhood of God’s children. John the Baptist is a sign of the prophetic church. “The kingdom of God is near,” he said. His promises are true, and our hope is not in vain. “God can raise up children of Abraham from these stones ...” According to Jesus’ testimony, John is greater than a prophet (Lk 7:26). John inaugurates the Gospel (Acts 1:22; Mk 1:1-4); before him, there was only the Law and the Prophets. John’s role was to proclaim himself a mere precursor (Lk 2:15). He is not worthy to untie the straps of the sandals of the One He precedes (Jn 1:19-20; Lk 3:16ff). John proclaims Jesus as “the Lamb of God who takes away the sin of the world” (Jn 1:29). John’s language is strong and prophetic: “Repent.” Otherwise, the liberating Christ becomes the judging Christ. “Who has taught you to escape the wrath to come? ... Bear the fruit of repentance, and do not delude yourselves ... The tree that does not bear good fruit will be cut down and thrown into the fire ...” So why did so many people flock to him? Why were they attracted to a prophet who challenged their traditions and way of life? John embodied the conversion he was calling for, and his actions conveyed the imminent arrival of God’s hour. It would have been impossible to live and act like that unless the hope he proclaimed was true. “John wore a garment of camel’s hair with a leather belt around his waist, and he ate locusts and wild honey.” While the details of his austerity are not important, we must translate them into attitudes for our time. The Gospel recorded these events as symbols of John’s faith, freedom, spirit, radical poverty, and self-denial, and the people followed him (Mt 11:16-17). “Have you gone out to see a prophet? Yes, I tell you, and more than a prophet.” Jesus said that “among those born of women, no one was greater than John the Baptist” (Lk 7:24) and that “the least in the Kingdom of God is greater than he” (Lk 7:23). Therefore, we must understand the significance of our role as prophets of the kingdom, as we are anointed “members of Christ the Priest, Christ the Prophet and Christ the King” (Liturgy of Baptism). Advent challenges us to reflect on our role in the life of the Kingdom. Our witness will be the infallible measure of our faith.

  • Adviento: Despertar a la Hora de Dios

    Segundo Domingo de Adviento Mt 3, 1-12 Volvemos al inicio del calendario litúrgico de nuestra vida de fe, para evaluar su progreso a la luz de las expectativas del Reino de Dios: el Adviento, el tiempo de la Hora de Dios, la hora de la salvación. Cristo va a renovar su paso por la historia, manteniendo viva nuestra esperanza en que el Reino de Dios y el cambio de nuestros corazones son posibles. La Iglesia y los cristianos somos los profetas de la Hora de Dios y estamos llamados a: “Ir por todo el mundo y predicar la Buena Nueva”, llamados a reactivar una esperanza tantas veces frustrada por nuestros fracasos. Debemos anunciar el cambio y la conversión para que la esperanza se transforme en un amor eficaz, que nos desprenda de nosotros mismos y nos entregue a la fraternidad de hijos de Dios. Juan el Bautista es el signo de la Iglesia profética. “El Reino de Dios está cerca”. Sus promesas son ciertas, nuestra esperanza no es vana. “Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras…”. Según el testimonio de Jesús, Juan es más que un profeta (Lc 7,26) Juan inaugura el Evangelio (Hechos 1,22; Mc 1,1-4); antes de él había la ley y los profetas. El testimonio de Juan consiste en proclamarse mero precursor (Lc 2,15). No es digno de desatar las correas de las sandalias de Aquel a quien precede (Jn 1, 19-20; Lc 3, 16 y ss). Proclama a Jesús como: “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1,29). El lenguaje de Juan es fuerte, profético: “conviértanse”. Porque de otra manera el Cristo liberador se convierte en Cristo juez. “¿Quién les ha enseñado a escapar de la ira venidera? … Den el fruto de la conversión y no se hagan ilusiones… el árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego…”. Entonces, ¿por qué acudía tanta gente a él? ¿Por qué sentían atracción por un profeta que cuestionaba sus costumbres y su estilo de vida? En Juan brillaba la conversión que pedía; en sus hechos se expresaba la cercanía de la Hora de Dios. Era imposible vivir así, actuar así, a no ser que la esperanza que anunciaba fuera cierta. “Juan llevaba un vestido de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”. El detalle de austeridad no es lo importante, sino que debemos traducirlo en actitudes para nuestra época. El Evangelio consignó estos hechos como un símbolo de la fuerza de su fe, de su libertad, de su espíritu, de su pobreza radical y de su renuncia a sí mismo, y el pueblo lo seguía (Mt,11); ‘¿Han salido a ver un profeta?’ Sí, les digo, y más que un profeta”. Si, como dice Jesús, “entre los nacidos de mujer, nadie fue más grande que Juan Bautista”, (Lc 7, 24), y añade que: “el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él” (Lc 7, 23), debemos deducir la calidad de nuestra responsabilidad como profetas del Reino: ungidos “miembros de Cristo Sacerdote, Cristo Profeta y Cristo Rey”. (Liturgia del Bautismo) El tiempo de Adviento nos interpela acerca de nuestra participación en la vida del Reino. Nuestro testimonio será el termómetro infalible de nuestra fe.

  • Risen Christ fortalece su ministerio hispano con la celebración guadalupana y nuevas misas en español

    Parroquianos de la comunidad católica de Risen Christ en Boise, junto a su párroco, el Padre Ben Uhlenlkott, durante una de sus celebraciones en honor a la Virgen de Guadalupe, Emperatriz de las Américas. (Foto cortesía/ parroquia Risen Christ) Vero Gutiérrez Editora Asistente Para celebrar las fiestas en honor a la Virgen de Guadalupe, la comunidad católica de Risen Christ llevará a cabo su segunda Misa en español, que será presidida por el párroco Padre Ben Uhlenkott. Silvia Sagrero, una de las líderes de la comunidad hispana en esta parroquia, compartió que existe un gran entusiasmo entre los fieles por participar en esta celebración tan especial dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe. Señaló que esta fiesta no solo es importante para los hispanos, sino también una oportunidad para que otros feligreses de la pa- rroquia se unan, conozcan y compartan esta devoción mariana tan arraigada en nuestras culturas. La comunidad extendió una invitación abierta para que todos los que deseen participar puedan unirse en el festejo a Nuestra Señora de las Américas. La celebración se realizará el 12 de diciembre de 2025 a las 6:30 p.m. Después de la Eucaristía, como es tradición, se llevará a cabo una recepción con música, comida y bailes tradicionales, fomentando el encuentro fraterno entre las familias que forman parte de la parroquia. La Misa en español continuará mensualmente Debido al crecimiento y la participación activa de la comunidad hispana, se ha decidido celebrar la Misa en español de manera continua el primer domingo de cada mes, a partir del Miércoles de Ceniza del próximo año, 18 de febrero de 2026. Este paso marca un avance significativo en la integración pastoral y espiritual de los feligreses hispanohablantes dentro de Risen Christ. Un Ministerio Hispano en crecimiento Actualmente, la parroquia de Risen Christ cuenta con un Ministerio Hispano que acompaña a la comunidad hispanohablante a través de programas de educación religiosa, crecimiento en la fe, actividades sociales y oportunidades de servicio y caridad, todo en español. Entre las actividades regulares se ofrece un Estudio Bíblico en español todos los martes de 7:00 a 9:00 p.m. en el salón Room 1. Las personas interesadas pueden comunicarse con Silvia Sagrero en el correo bhernardita1858@gmail.com. En su página web, la comunidad de Risen Christ destaca su compromiso por honrar las tradiciones y costumbres religiosas hispanas, al tiempo que busca integrar plenamente a esta parte de la comunidad parroquial que ya forma parte activa de la vida de la Iglesia local. Recursos y servicios en español La parroquia también ofrece formularios y recursos en español, entre ellos el formulario de registro parroquial y las solicitudes para bautismos, lo que facilita que los feligreses hispanos puedan acceder a los servicios administrativos en su propio idioma. Contacto e información La parroquia Risen Christ está ubicada en 11511 W Lake Hazel Rd, Boise, ID. Para más información, los interesados pueden comunicarse a los números 208-362-65636 o 208-362-6584, o bien escribir al correo office@risenchristboise.org

  • Un Proyecto en Marcha: Hacia la Primera Conferencia Hispana de SVdP

    De izquierda :Javier Trujillo, Rigoberto González, Norma Pintar, Cathy Hagadone, Patricia Watkins, Ralph May, Guadalupe Rodríguez, Becky Swartz, Diego Juárez y Memo Gutiérrez, la mayoría de ellos posibles miembros de la nueva Conferencia Hispana, acompañados por miembros del Consejo del Suroeste de Idaho de SvdP. (ICR foto/Vero Gutiérrez) Vero Gutiérrez Editora Asistente Un grupo de líderes laicos de diferentes parroquias de la Diócesis de Boise ha iniciado el proceso de preparación para conformar la primera Conferencia Hispana de San Vicente de Paul, que adoptará el nombre de Conferencia del Espíritu Santo. La decisión más importante para formar esta conferencia, explicó Ralph May, Director Ejecutivo de San Vicente de Paul en el área del Sur oeste de Idaho, es atender la comunidad hispana, la cual ha registrado un incremento considerable entre la población que atienden los voluntarios de la Sociedad. Aseguró que un gran porcentaje de las personas atendidas son hispanas, pero muchas no se sienten en con- fianza para expresar sus necesidades reales por la diferencia de idioma y cultura. Ralph May afirmó que, aunque se ha logrado un excelente trabajo con las conferencias ya establecidas, siempre han sido conscientes de la necesidad de contar con miembros de la comunidad hispana que entiendan mejor y puedan comunicarse de manera más cercana con quienes necesitan ayuda. “No es solo el idioma, sino también la cultura”, puntualizó. “Quienes atraviesan momentos de dolor se sienten más cómodos expresándose en su lengua nativa”. Norma Pintar, Coordinadora de Asuntos Hispanos, consideró que esta es una conferencia especial porque no pertenece a una sola parroquia, sino que está conformada por varias. Por ello se le ha denominado Conferencia Hispana del Espíritu Santo. Para su formación, se invitó a miembros de diversas parroquias de la diócesis y se inició el proceso con una introducción a la actividad de la Sociedad de San Vicente de Paul y su labor en el Suroeste de Idaho. Durante la bienvenida a los posibles nuevos voluntarios, también estuvieron presentes Becky Swartz, presidenta del Consejo del Sur oeste de Idaho y Cathy Hagadone, tesorera, quien se encargo de explicar qué es una conferencia y cómo trabaja en coordinación con el Consejo. Cathy Hagadone, tesorera de la Sociedad de San Vicente de Paul del Suroeste de Idaho, durante su exposición a los posibles nuevos voluntarios. (ICR foto/Vero Gutiérrez) También Hagadone habló am- pliamente sobre la historia y misión de la Sociedad, el trabajo que realizan a nivel local y las formas en que los nuevos miembros pueden integrarse, con el objetivo de que comprendan mejor cómo opera esta organización. Se explicó que las conferencias se reúnen una o dos veces por mes y que existen reglas claras: los vicentinos reciben un libro que guía las acciones que deben realizar. Una de las primeras recomendaciones fue asumir el compromiso de reunirse al menos dos veces por mes. Se reiteró que formar parte de una conferencia es un llamado especial. Los miembros deben conocer la vida y obra de San Vicente de Paul —quien comenzó la labor de organizar la caridad— así como la de los fundadores de la Sociedad, que posteriormente tomó su nombre. En los aspectos administrativos, la conferencia debe contar con un presidente, un secretario, un tesorero y un consejero espiritual, que puede ser sacerdote, diácono o laico. Ser parte de una conferencia implica responder a un llamado para integrar una comunidad de fe, amor, oración y acción. El trabajo diario de los miembros está sustentado en el Manual para los Miembros y en la Regla de la Sociedad. Cada conferencia programa sus actividades anuales, tiene su propia autoridad y flexibilidad para enfocarse en las necesidades más urgentes de las personas a las que sirve. Las reuniones pueden llevarse a cabo en diferentes parroquias, según la organización interna. Otro aspecto importante que explicó la tesorera del Consejo es que, de acuerdo con el manual, la Sociedad de San Vicente de Paul no está sujeta a la jerarquía religiosa. “Se trata de una fraternidad eclesial alentada por la Iglesia y reconocida oficialmente como un instrumento del apostolado laico a través del testimonio de la caridad”. Por otro lado, Ralph May subrayó que, aunque en nuestro entorno ocurren muchas situaciones difíciles, no debemos olvidar el llamado al servicio. “Si dejamos de atender al que sufre y al que necesita, también dejamos de lado nuestro trabajo por la salvación a través del servicio a los pobres, es más lo que nosotros necesitamos a los pobres que lo que ellos nos necesitan a nosotros”, afirmó, recordando la inspiración de San Vicente de Paul y del Beato Federico Ozanam, fundador de la Sociedad. Durante la reunión, Guillermo Gutiérrez dirigió la reflexión en la que se les invitó a los asistentes a compartir qué creen que Jesús haría si estuviera aquí? ¿Qué nos invitaría a hacer? • Javier Trujillo: “Tratar de ayudar en lo que se pueda sin pensar ni esperar nada a cambio”. • Patricia Watkins: “Ser generosos con nuestro tiempo y disponibilidad”. • Norma Pintar: “No olvidarnos de los pobres y necesitados, que son nuestros hermanos”. • Rigoberto González: “Ayudar a los demás y abrir nuestro corazón para ver lo que Dios quiere”. • Guadalupe Rodríguez: “Recordar que debemos ver a Dios en los demás”. Durante esta reunión de información se compartió con los posibles miembros de la nueva conferencia hispana que los vicentinos tienen el servicio a los pobres como su elemento esencial. Cualquier persona que tenga necesidad deberá ser atendida, dando siempre preferencia a quienes son excluidos o experimentan adversidad, sufrimiento o pobreza material o espiritual. No se hace distinción de ningún tipo: se brinda ayuda sin importar raza, religión, estado civil, orientación sexual, nacionalidad o edad. Se trabaja tanto con familias como con individuos. A través de visitas domiciliarias y encuentros cara a cara, los voluntarios conocen de primera mano las necesidades de las personas, lo que constituye la característica principal de SVdP. Los miembros de la Sociedad, conocidos como vicentinos, buscan imitar a San Vicente de Paul en cinco virtudes esenciales que fomentan el amor y el respeto hacia los pobres: sencillez, humildad, gentileza, desprendimiento y fervor. Finalmente, extendieron la invitación para las personas que estén interesadas en formar parte de esta Conferencia se ponga en contacto con Norma Pintar, Coordinadora de asuntos Hispanos de San Vicente de Paul, o bien a través de la Sociedad de San Vicente de Paul a través de su página web www.svdpid.org si desea unirse a algún otro de los programas de esta sociedad.

  • Men find support, strength after prison through Holy Family House

    Doug Austin, former inmate, became Catholic 20 years ago while in prison. Austin collaborated with Deacon Mark Geraty, volunteer coordinator for the Prison Ministry of the Diocese of Boise, to create a new Catholic, nonprofit, reentry house in Boise. (Courtesy photo) By Emily Woodham Staff Writer A Catholic transitional house, the first in Idaho, for men transitioning from prison to society, is coming closer to reality. “It’s on the launchpad, but we still need support to get it off the ground,” said Deacon Mark Geraty, who serves at the Cathedral of St. John the Evangelist and is the volunteer coordinator for the prison ministry of the Diocese of Boise. “We have done prison ministry in the Diocese very well,” said Deacon Geraty. The prison ministry of the Diocese of Boise provides the sacraments and spiritual support to incarcerated men and women across the state of Idaho. From Masses to OCIA (Order of Christian Initiation of Adults) classes, volunteers, both clergy and laity, ensure that the Church isn’t stopped by prison gates. “During COVID, everything kind of cratered,” Deacon Geraty said. “But it gave us a chance to really take stock of what we were able to provide to those serving prison sentences.” As restrictions enacted during the COVID pandemic of 2020 slowly lifted in 2022 and 2023, the prison ministry was able to return to providing its services. However, Deacon Geraty and others in the ministry wanted to add support to men and women leaving prison. “The Reentry Conference of St. Vincent de Paul of Southwest Idaho does an excellent job, but we wanted to go another step further. We wanted to provide a Catholic transitional house,” Deacon Geraty said. “About 95% of everyone who is incarcerated is going to leave prison at some point in their lives. They need to be met and brought into the community, and the Catholic Church, in particular, gives such a rational, constructive way for them to do it. From the monasteries to parishes, we know how to do community.” Transitional homes offer men and women a place to live while they get back on their feet after prison. “It’s really hard for people when they come out of prison,” Deacon Geraty explained. “They go from an environment where everything is chosen for them, everything is structured, to needing to make so many choices. It can be overwhelming.” Doug Austin, who was incarcerated for 42 years, knows firsthand how vital community support is when leaving prison. He became Catholic through the Diocesan ministry more than 20 years ago. When he left prison at the beginning of 2024, he chose to go to a Christian, non-denominational house because there was no Catholic house. While at the chancery about five months ago, Austin spoke with Bishop Peter Christensen. The above logo is for the new Catholic reentry-transitional home in Boise, Holy Family House. (Courtesy photo) An idea is born “Bishop Peter asked Doug how he was doing. When he found out that Doug was staying in a faith-based house, he said, ‘Wouldn’t it be nice if we had a Catholic house?’ Right then, a seed was planted,” Deacon Geraty said. Austin discussed the idea with Dick Gallegos, who had volunteered in the Diocesan prison ministry for more than 20 years. Then Austin, Gallegos and Deacon Geraty met at a coffee shop with Mike Gallagher, one of the founders of the St. Vincent de Paul (SVdP) Reentry Conference. From that moment, they knew it was time to create Holy Family House. They reached out to Catholic Charities of Idaho (CCI) as they worked out the details of the house. “Eddie Trask, executive director of Catholic Charities, was a huge help. Joe Egbert, digital media coordinator at the Diocese, also helped us a lot with building our website.” Holy Family House is not affiliated with the Diocese of Boise, SVdP, or CCI. It is an independent, non-profit, 501(c)(3), organization. Austin is the president of the board, and Deacon Geraty is a board member. They and all the board members are dedicated to keeping a Catholic identity in Holy Family House. Currently, the house is for men only. They hope to expand in the future to include a house for women. “We have some very generous benefactors to help get this started, and they wanted to be assured that we were going to present an authentic Catholic living environment. We are not going to present an ambiguous or lukewarm treatment of the Catholic faith,” he said. “We want to provide the support, spiritually and physically, that the men need to successfully enter back into society. We want to provide Bible studies, rosaries and times for prayer. We also want volunteers from the Catholic community,” he continued. “We have been able to support a Catholic community for men in prison. We want to give them a Catholic community when they leave prison.” Holy Family House will also support sober living. “My experience with transition programs is that they are essential for individuals suffering from alcoholism and drug addiction to make a successful reentry into the community and the ability to become a contributing member of society,” said Matthew Geske, LCPC, clinical director of counseling at CCI. “This transitional program will also be a way for the Catholic community to support these brothers in Christ who are suffering.” Although the structure for the organization is in place, Holy Family House is still looking for a physical house. They also need volunteers and financial support. “There are a lot of expenses with a transitional house,” Deacon Geraty said. “When men get out of prison, they don’t have a job, and they probably don’t have a lot of money. It will be a requirement at the house for them to have a job, and there will be a program fee they will need to pay. But while finding employment, some will need a level of financial assistance. We also want volunteers, especially people willing to mentor them.” If non-Catholics want to stay at the house, they are welcome, Deacon Geraty said. However, non-Catholics will be those interested in investigating the faith and willing to fully participate in the faith-based activities such as prayer, Mass and educational and formational events. For more information about Holy Family House and to donate, visit idahoholyfamilyhouse.org .

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