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CUARESMA: tiempo propicio de renovación y conversión

 


Por el Padre Jesús Cruz Hernández MSP



La Resurrección de Cristo fue el mensaje central de la predicación en los inicios de la Iglesia cristiana.  Ya lo dice el apóstol Pablo: “Si Cristo no resucitó, nuestra predicación no sirve de nada, ni sirve de nada la fe que ustedes profesan. (1Co 15,14).


 Después de la muerte de Cristo, algunos creían que todo había terminado, como les sucedió a los discípulos de Emaús (Lc 24,13ss) quienes, desanimados, tristes e incluso decepcionados, regresaban a su tierra natal, pensando que todo había acabado.


Pero la historia cambió con la resurrección de Cristo. “El corazón nos ardía al escucharle”; las lágrimas de aquella mujer que sufría la muerte de Cristo se convirtieron en gozo al escucharle (Jn 20,15-18). Seguramente, para los demás discípulos también fue un cambio radical:  pasar de la tristeza a la alegría, de la oscuridad a la luz. Y es que precisamente eso significa la Pascua: pasar de la muerte a la vida.


La fiesta de la Pascua conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto (Ex,12) y, desde entonces, el pueblo judío recuerda año tras año este gran acontecimiento, y con razón, pues estuvo esclavizado durante 430 años.



Al principio, la Iglesia católica litúrgicamente solo celebraba “La Pascua”. Sin embargo, fue en el siglo IV cuando se consideró necesario establecer un tiempo de preparación para dicha celebración. Se determinó que, dado que la Pascua se celebra durante 50 días, era necesario un periodo de preparación, aunque no mayor que la celebración. Así surgió la Cuaresma, un periodo de 40 días de preparación.


El tiempo de duración de la cuaresma tiene amplio sentido bíblico, en las Sagradas Escrituras en diversas ocasiones está presente. Cuando los israelitas salen de la esclavitud de Egipto, duran 40 años, el profeta Elías dura 40 días en oración en la montaña, 40 días de diluvio como purificación de la tierra y   Jesucristo mismo pasa 40 días en oración y ayuno para prepararse a su misión.


La cuaresma comienza con el miércoles de ceniza, recordemos que las cenizas eran usadas como signo de duelo (Est4,3) y también como signo de arrepentimiento (Jonás 3,6, Job 42,6).  Cuando el sacerdote nos coloca la ceniza suele decir; “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” o “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Estas frases encierran en sí mismas una invitación a vivir de acuerdo al Evangelio y también nos recuerda nuestra condición tan limitada, por lo cual tendríamos que examinarnos constantemente.

La ceniza por tanto es un sacramental y con este signo comenzamos este tiempo propicio de renovación y conversión.


Te invito a que consideres 5 consejos para vivir intensamente esta cuaresma:


1.- Busca el sacramento de la reconciliación: Que así como el rey David reconoció sus pecados, también tú, al examinar tu conciencia, te des cuenta de lo malo que has hecho y puedas reconciliarte con Dios, recuerda que el pecado va alejándonos de Dios.


2.- La Abstinencia. Los viernes de cuaresma se nos invita a abstenernos de comer carne. No dejar esta práctica. Pero además de abstenerte de comer carne, que para muchos es un verdadero sacrificio, haz un propósito de privarte de algo que disfrutas. Muchos durante estos días ofrecen alguna privación.


¿Pero qué sentido o cuál es la finalidad de la abstinencia?  Es la de fortalecer tu voluntad. Para no dejarte vencer tan fácilmente por las tentaciones, “Manténganse despiertos y oren, para que no caigan en tentación” (Mt 26,41). Por lo tanto, es importante con estas prácticas ir fortaleciendo la voluntad. “Y es que la tentación constantemente nos asecha, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar, resístanle firmes en la fe” (Cfr. Pe5,8).



3.- Practica el ayuno. La Iglesia nos pide ayunar dos días en este tiempo, el miércoles de ceniza y el viernes santo. Claro que, si algún otro día lo queremos hacer, esto realmente es provechoso para el espíritu. Al igual que la abstinencia, esta práctica nos ayuda a fortalecer nuestra voluntad además de purificar nuestros sentidos. Al mortificar un poco nuestro paladar podemos ofrecer ese sacrificio por alguna necesidad también.


4.- Obras de caridad. Este tiempo es muy propicio para practicar la caridad, porque nos ayuda a sensibilizarnos y solidarizarnos con el prójimo necesitado. Salir de nuestro egoísmo y comodidad para ver el sufrimiento del otro.


5.- Mayor recogimiento. Especialmente los días santos (La semana santa), procura guardar recogimiento y silencio, regularmente estamos acostumbrados al ruido, música, redes sociales, estos días podemos disponernos a meditar especialmente en la pasión, muerte y resurrección del Señor. Para algunos quizá sea un gran sacrificio, pues estamos sumergidos en una cosa u otra, pero incluso en medio de tantas actividades se puede hacer experiencia de oración y recogimiento.



Por último, te invito a que vivas las celebraciones propias de este tiempo con un mayor espíritu de reflexión y piedad, medita especialmente en el gran misterio de salvación. De Cristo que nos amó hasta el extremo, dio su vida por nosotros, y al mirar la cruz recuerda que es el signo y prueba del amor y reconciliación.  Y como el apóstol también digamos “En cuanto a mí, de nada quiero gloriarme sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Pues por medio de la cruz de Cristo, el mundo ha muerto para mí y yo he muerto para el mundo” (Ga 6,14).

 

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