“Mi vida, mi sí a Dios: la elección de Fátima”
- Vero Gutierrez

- 3 days ago
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Vero Gutiérrez
Editora Asistente
Fátima es una joven arquitecta de 27 años, a punto de casarse, que, de forma radical, decidió dejarlo todo para dedicar su vida a Dios, sirviendo como misionera de la congregación de las Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta, cuyo carisma se centra en servir a los más pobres de los pobres.
“Mi primer encuentro con Jesús fue durante un retiro de verano cuando tenía 18 años, en la Eucaristía ver a Jesús sacramentado fue cuando mi mente y mi corazón conectaron y dije: “esta es la verdadera presencia del Señor”.
El llamado del Señor se manifiesta de diferentes maneras, en la vida de Fátima, fue un llamado antes de su nacimiento.
Hace más de 27 años, cuando la mamá de Fátima esperaba a su segundo hijo. Los médicos le aconsejaban recurrir a un aborto clínico, porque asumían que, debido a un problema, ella tarde o temprano perdería al bebé.
No obstante, ella decidió seguir adelante con el embarazo y, en cambio, puso su esperanza en la intercesión de Nuestra Señora de Fátima.
Cada día rezaba a la Virgen: “Señor, te ofrezco la vida de mi hijo o mi hija para tu servicio en la Iglesia como sacerdote o religiosa”, y le pedía en cambio sostener al bebé un día más en su vientre.” Esto fue cada día, hasta que, gracias a Dios, el embarazo se mantuvo y al nacer fue una niña a la que le pusieron por nombre Fátima Lourdes.
Fátima nació en Los Ángeles, California, pero creció en el estado de Jalisco, México. Cuando cumplió 16 años, se mudó con sus padres a vivir a Washington.
“Tenía trece años cuando mi mamá me platicó lo que ocurrió cuando me estaban esperando” recuerda Fátima “yo reaccioné un poco enojada, porque pensé que era como una especie de matrimonio arreglado”.

Fátima no volvió a hablar de ese tema con su madre, continuó con sus estudios y su vida como católica cultural porque participaba de la Eucaristía y las devociones religiosas más como parte de una tradición familiar.
Al cumplir los 18 años, participaba en un retiro cuando recuerda que experimentó por primera vez ese encuentro personal con Jesús en la Eucaristía.
Incluso en aquella ocasión, Fátima no pudo quedarse sentada cuando les pidieron que se pusieran de pie quienes habían sentido la llamada de Dios: “Sentía que, si me quedaba sentada, me iba a cocer, porque notaba un calor muy fuerte que me recorría todo el cuerpo”. Fátima recuerda que ese fue el primer momento en que sintió que el Señor le hablaba al corazón.
“En esa ocasión rezaron por nosotros”, dijo Fátima. “Comenzó a crecer la semilla de la vocación. Hablamos con un sacerdote y él me recomendó que siguiera adelante. Mis planes eran estudiar arquitectura, así que me mudé a Moscow, para estudiar en la University of Idaho”.
Se graduó como arquitecta en 2020 y en el 2022 se graduó de la maestría. En este tiempo tuvo la oportunidad de servir como voluntaria en un centro de ayuda para personas sin hogar, lo que le permitió conocer de cerca las necesidades de las personas más pobres.
Al mismo tiempo, Fátima trabajó en un proyecto de tesis sobre un conjunto de edificios destinados a ayudar a las personas sin hogar a recuperar su dignidad y encontrar un nuevo camino. El proyecto incluía un centro de rehabilitación, un centro de apoyo para personas con enfermedades mentales y un espacio para aprender oficios.
“Al trabajar y servir en esta misión, el Señor me seguía invitando a verlo en los más pobres”, recuerda.
En ese momento, Fátima llevaba casi dos años saliendo con un joven, y sus planes avanzaban hasta el punto de que decidieron comprometerse en el verano y casarse en 2023.

“Un día de cuaresma, estaba en Misa con mi novio en la Catedral de St. John the Evangelist y, después de recibir la Eucaristía, volví a sentir la llamada del Señor. En mi interior percibí nuevamente la voz de Dios que me decía: ‘Tienes que frenar, haz un alto, porque hay algo más para ti’, relata Fátima.”
Entonces recordó lo que le ocurrió a los 18 años, pero incluso afirma que se resistió a esta llamada y continuó durante cinco o seis meses sin modificar sus planes.
“Cada día sentía que mi corazón tiraba para dos lados, era muy doloroso no saber si estaba llamada al matrimonio o a la vida consagrada, y sabía que tenía que cerrar una puerta para abrir otra”, comenta.
Y añade: “Hablé con mi novio, a quien ya le había contado sobre aquel llamado que sentí cuando tenía dieciocho años, y le dije: ‘No sé qué es esto, pero creo que debo discernir mi vocación’. Después llegó el momento de decidir en qué comunidad religiosa el Señor me llamaba a seguirle. Así fue como, desde el 2023, comencé mi búsqueda visitando diferentes comunidades religiosas para conocer sus carismas y poder decidirme por una de ellas”.
En total, visitó cinco conventos y se comunicó por teléfono o Zoom con otras comunidades.

Durante su primera visita con las Hermanas de María Estella Matutina, realizó un retiro en silencio. “Fue en ese momento cuando pensé: si yo estoy loca por considerar esta vida, al ver a las hermanas dije: estas están más locas que yo”, comenta entre risas.
En ese lugar, Fátima volvió a experimentar la invitación de Jesús, que le preguntaba en su interior: “¿Me darías tu vida por completo y me seguirías en esta vida radical de dejarlo todo para seguirme?”
Algo muy recurrente durante este tiempo de discernimiento para Fátima era una frase que se repetía constantemente en su mente: “Tengo sed”.
Más tarde, al encontrarse con las misioneras de la Caridad, la frase regresó a su corazón, y Fátima, con cierto desespero, se preguntaba: “¿Jesús tienes sed, pero yo qué puedo hacer?

Las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, trabajan cada día para saciar la sed de Jesús; ese es su carisma, y al descubrirlo, Fátima se sintió en casa.
“Me dije todo este tiempo el Señor me había estado llamando a servir a los más pobres de los pobres”, comparte.
Fátima afirma que lo más difícil de su vocación ha sido renunciar a su deseo de casarse y tener una familia, y decidir entregarse por completo a la vida religiosa.
“Cerrar esa puerta y confiar en que unir mi voluntad a la de Dios es lo que realmente me hará más feliz. Y ya lo estoy experimentando, porque he visto la alegría de decir que sí”. Cuando unimos nuestra voluntad a la de Dios, no perdemos nuestro libre albedrío; al contrario, Dios nos ama y nos conoce tanto que sabe lo que más nos hará felices”.
Sobre el joven que fue su novio, Fátima reconoce que tenía miedo de que él se alejara de Dios al ver que su novia había decidido convertirse en monja. Sin embargo, recibió la sorpresa de que él, siendo bautista, se convirtió al catolicismo, se preparó y ya ha recibido los sacramentos iniciales en la Iglesia Católica.
La Sociedad Labouré
Fátima forma parte de la Sociedad Labouré, una organización sin fines de lucro cuya misión es rescatar vocaciones de personas llamadas a la vida religiosa, pero que tienen deudas pendientes con la universidad. El nombre ha sido tomado de Santa Catalina Labouré, quien promovió la Medalla Milagrosa.
Fátima, que tenía un préstamo estudiantil, explica:
“Mi plan era trabajar y pagar, pero ahora voy a trabajar gratis. En mi grupo somos 14 personas que estamos recaudando fondos para liquidar nuestras deudas estudiantiles y poder iniciar la formación religiosa en las comunidades que hayamos elegido”.
Para ayudar a Fátima, en primer lugar, se les pide oración y donativos a través de la página web: rescuevocations.org/aspirant/Fatima -Partida.
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