Creer en Jesús
- Vero Gutierrez

- 4 days ago
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Jn 11, 1-45
Quinto Domingo de Cuaresma
El hecho de la resurrección de Lázaro resulta sorprendente. Pocas veces se nos presenta a Jesús tan humano, tan frágil y entrañable. Cuando Jesús vio llorar a María (hermana de Lázaro), y a las personas que la acompañaban, se conmovió hasta lo más profundo. Al preguntar dónde lo habían colocado, le respondieron: “Ven y lo verás”, y Jesús se puso a llorar. En medio de esta escena tan conmovedora, Jesús revela: “Yo soy la resurrección y la vida”. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. Y dio gracias a su Padre por esta oportunidad de manifestar su gloria para que creyeran en Él. Al oír la voz de Jesús, Lázaro salió vivo del sepulcro, y muchos creyeron en Él.
Desde el principio de su Evangelio, San Juan, en el capítulo segundo, nos presenta a Jesús dando indicios de su misión en dos expresiones: la primera tuvo lugar en las bodas de Caná, cuando, en respuesta a su madre, que le hizo notar que no tenían vino, Jesús le dijo: “Todavía no ha llegado mi hora.” La segunda expresión tiene como escenario el templo de Jerusalén, donde Jesús expulsa a los vendedores. Y, en respuesta a los fariseos que le pedían una señal milagrosa de autoridad al expulsar a estos profanadores: Jesús dijo: “Destruyan este templo, y yo lo reedificaré en tres días” (Jesús hablaba del otro templo, su cuerpo).
Más adelante, en este Evangelio Jesús define su misión en estos términos: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. (Jn 10,10). Más tarde explicará su determinación para cumplir la voluntad salvífica de su Padre: “Yo doy la vida porque yo quiero, nadie me la quita” (Jn10, 18). Se trata de un acto muy humano de discernimiento y de aceptación de la voluntad divina, hasta dar la vida.
Cuando Jesús entra en Jerusalén para la fiesta de la Pascua, muchos judíos salen a su encuentro, pues le conocen y comentan el milagro de la resurre- cción de Lázaro. Entre ellos hay unos griegos que quieren ver a Jesús. Cuando Felipe y Andrés se lo dijeron, Jesús respondió: “Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a recibir su gloria. En verdad les digo: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”. Y añade: “El que ama su vida la destruye, y el que desprecia su vida en este mundo la conserva para la vida eterna”. (Jn 12, 24,25).
Y Jesús; después de invitar a sus discípulos a seguirlo, dijo: “El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allá estará el que me sirve”. Al mismo tiempo nos abre su corazón y nos da a conocer su lucha interna: “Me siento turbado ahora. ¿Diré acaso, Padre, líbrame de esta hora? Pero no, pues preci- samente he llegado a esta hora para enfrentar esta angustia. y ruega: Padre, ¡da gloria a tu nombre!”. Entonces se oyó una voz que venía del cielo: “Yo lo he glorificado y lo volveré a glorificar de nuevo”. Un poco más adelante, Jesús dice: “Cuando yo haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. (Jn 12). Y al morir, Jesús exclamó: “Todo está cumplido” (Jn 19,30).
La cuaresma y la Semana Santa nos recuerdan y nos ayudan a reflexionar sobre nuestra hora, siguiendo los pasos de Cristo Jesús, que intercede por nosotros: “Padre, quiero que estén conmigo los que tú me diste, para que contemplen mi gloria, porque me amaste antes de la creación del mundo”. (Jn 17,24).
Jesús, continúa interpelándonos: “¿Crees tú, esto?
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