El Padre Robert Irwin celebra 30 años de entrega pastoral
- Vero Gutierrez

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El “sí” de María inspira tres décadas de vocación
Por Vero Gutiérrez
Editora Asistente
El Padre Robert Irwin celebró 30 años de sacerdocio en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Boise, el 8 de diciembre de 2025, fecha que coincide con la fiesta dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Parte central de su homilía estuvo dedicada a reflexionar sobre la virtud de la pureza y el poder transformador de la Palabra de Dios.
Desde hace seis años, el Padre Irwin se ha desempeñado como capellán del hospital de Saint Alphonsus, donde brinda los sacramentos a pacientes católicos procedentes no solo de diversas ciudades de Idaho, sino también de otros estados del país que acuden para recibir atención médica.
Además de esta labor, apoya a sa- cerdotes en sus parroquias cuando es requerido y coordina a más de treinta ministros extraordinarios de la Comunión que colaboran como voluntarios en el hospital.

Concelebraron con el Padre Irwin: el Padre Hippolytus Ezenwa, párroco del Sagrado Corazón de Jesús; el Padre Goodluck Ajaero, vicario de Holy Apostles; el Padre Andrew Colvin, Aggregate Monk of Holy Transfiguration Monastery en Redwood Valley, California, sacerdote de la diócesis de Baker, Oregón.
También, asistieron los diáconos Bill Bieker, de Holy Apostles, y Salvador Carranza, director del Programa de Diaconado Permanente de la diócesis de Boise.
En su homilía, el Padre Irwin destacó la celebración de la Inma- culada Concepción, recordando que María, nuestra Santísima Madre, desde el momento de su concepción, fue preparada para ser el recipiente puro del nacimiento de Jesús, Hijo de Dios.
El Padre estableció un vínculo profundo entre esta celebración y sus tres décadas de ministerio, afirmando que su vocación está íntimamente ligada a las apariciones marianas de Medjugore. Conocer aquel milagro lo llevó a rezar el rosario y cultivar una reflexión más profunda sobre su llamado.

Citando a la hermana Linda Buck, CSJ, compartió:
“Recibir algo verdaderamente no es absorberlo sin cuestionarlo, sino dejar que te toque y decidir cómo te moldea. El ‘sí’ de María condujo a la transformación de los corazones a través de la vida de su hijo Jesús”.
El Padre Irwin reflexionó sobre la obediencia y la responsabilidad que conlleva ser sacerdote. Tal como María respondió con humildad, cada sacerdote ofrece a Dios un “si” personal, sostenido también por el “si” de la comunidad que lo recibe.
Recordó que ningún sacerdote católico romano está solo; siempre tiene que pertenecer a una orden o a una diócesis y vivir en pureza y obediencia.
Decir “sí” a Dios: la vocación del Padre Irwin
Al igual que el “sí” de María, insistió el Padre Irwin, cada sacerdote debe prometer en voz alta “obediencia al obispo y a sus sucesores”: una llamada y una respuesta que son tanto personales como comunitarias.
El Padre pidió a la comunidad ahí congregada hacer oración por los jóvenes
“Les pido que recen por los jóvenes en discernimiento; por quienes los acompañan en su formación; y por
todos aquellos que ya han respondido a la llamada, para que perseveren en santidad, pureza y obediencia.

Confió que, aunque disfrutaba profundamente ejercer como párroco, aceptó con obediencia el llamado a servir en el hospital: un ministerio donde los enfermos y sus familias buscan milagros de curación y transformación de vida.
Visiblemente emocionado, reconoció que ha sido una bendición servir durante estos seis años a los pacientes, sus familiares y al personal del hospital.
Muchos de ellos están buscando un milagro de curación y nueva vida, lo que, normalmente, logran y los lleva a un cambio de vida.
Otro aspecto central de su mensaje fue el valor de la Palabra. Señaló que uno de los títulos de María es “Tabernáculo de la Palabra”, y compartió una tradición según la cual María, durante su juventud, dedicaba tiempo a la lectura de las Escrituras.
“Le gustaba tanto leer las Sagradas Escrituras que el Verbo se encarnó en ella”, afirmó.
Así como María preparó su corazón para que el Verbo cobrara vida, el Padre Irwin subrayó que los sacerdotes también están llamados a ser “tabernáculos de la Palabra”, vasos puros que permitan a Dios hacerse presente en el mundo. Recordó que ninguna vocación se vive para uno mismo; el llamado cristiano siempre existe para la evangelización y la construcción del Reino.
El Padre concluyó invitando a renovar el compromiso con la pureza y la santidad personal:
“La Inmaculada Concepción de nuestra Santísima Madre dio lugar al mayor don que el mundo jamás haya visto. ¿Qué pasaría si volviéramos a fomentar la pureza en nuestro mundo? Seamos ese cambio, viviendo vidas puras y santas. La pureza y la Palabra son tan poderosas que pueden transformar culturas y cambiar el mundo.
Antes de iniciar la Liturgia Eucarística, el Padre Irwin compartió que la razón principal por la que es católico y sacerdote es la Sagrada Eucaristía, fuente y cumbre de nuestra fe, y fuerza diaria para vivir la vocación.

Trayectoria ministerial
El Padre Robert Irwin se incardinó en la diócesis de Boise el 5 de mayo de 2016. Fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1995 para la diócesis de Baker, en Madras, Oregón, por el obispo Thomas Connolly.
Antes de su llegada a Boise, sirvió como:
• Vicario parroquial en St. Mary, Pendleton (1995–1998);
• rector de San Francisco de Sales en Baker City (1998–2005);
• párroco en Blessed Sacrament, Oregón (2005–2010);
• vicario parroquial en Saint George’s, Post Falls (2010–2011);
• administrador parroquial de Good Shepherd, Soda Springs (2011–2013);
• pastor en Jerome (2013–2017);
• pastor en Our Lady of the Valley, Caldwell (2017–2018).
Desde 2019 ejerce como capellán del hospital Saint Alphonsus, donde continúa su ministerio en la actualidad.
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