El hogar que dio seis sacerdotes y dos religiosas a la Iglesia
- Vero Gutierrez

- Jun 8
- 7 min read

Por Vero Gutiérrez
Editora Asistente
Sonia Llauró de Ibarra tuvo 12 hijos en 20 años. Seis de ellos son sacerdotes, dos hijas religiosas, tres casados y una niña que falleció cuando era pequeña. Desde la sencillez de un hogar argentino y sostenida por una profunda confianza en Dios, la vida de Sonia Ibarra se convirtió en un testimonio extraordinario de fe y entrega familiar.
Junto a su esposo, Diego Ibarra, descubrió el valor de vivir plenamente la fe católica, formando una familia marcada por la oración, el servicio y la apertura al llamado de Dios. Con el paso de los años, ese ambiente de fe dio fruto en numerosas vocaciones al servicio de la Iglesia.
Al hablar sobre tener tantos hijos e hijas consagrados a Dios, Sonia asegura con emoción: “Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos y en lo que Dios quería darles a ellos”.
Sonia nació en Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia católica, aunque no practicante. A los 18 años se casó con Diego Ibarra. Durante sus primeros años de matrimonio experimentó una profunda conversión espiritual al participar en los ejercicios de San Ignacio de Loyola.
A partir de ese momento, realiza los ejercicios espirituales cada año. “Me cambió la vida y me di cuenta de que era un medio muy importante para la conversión de las almas”, dijo Sonia, “Era una forma de llenarme de Dios para después llenar a los chicos de Dios. Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada”, expresó.
La oración con los niños se volvió una práctica constante en el hogar de los Ibarra. Rezar el rosario en familia y participar en momentos de adoración ante el Santísimo formaban parte de su vida coti- diana. Sonia reconoció que no siempre era sencillo, pues los niños podían mostrarse inquietos, pero insistió en la importancia de que las madres los acerquen desde pequeños a la presencia de Dios en el Santísimo Sacramento.
Madres no sientan miedo de entregar a sus hijos
Sonia animó a las madres a apoyar con gene- rosidad la vocación de sus hijos cuando descubren en ellos un llamado especial de Dios. “Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices”, afirmó.
Sonia, comparó la vocación con una pequeña luz que enciende una vela. “no apaguen esa pequeña llama, madres y padres de familia”, exhortó “Si su hijo les manifiesta su deseo de ir al seminario, no tengan miedo de entregarlo a Dios, sean fuertes, sean generosos, denles a sus hijos los medios para que sigan ese llamado de Dios”.
“Yo soy una madre que sabe lo que están viviendo las madres, así que cuando venga la gracia es importante que sepan reconocerla”.
En ocasiones cuando los hijos expresan a sus madres el deseo de ser sacerdotes, algunas se oponen porque consideran que son demasiado traviesos, desordenados, o incapaces de vivir con disciplina. “Quizá el chico pelea con su hermana, es distraído o inquieto”, comentó Sonia.
Sin embargo, aseguró que Dios no espera niños perfectos para llamarlos. “Si fuera así, ninguno de nuestros hijos hubiera sido llamado”, añadió. Explicó que Dios llama a cada uno con sus propias cualidades. También señaló que, al ingresar al seminario menor, los jóvenes inician un proceso de discernimiento y formación donde esa vocación puede crecer y madurar.
40 horas de adoración por la santidad de los
sacerdotes y el aumento de vocaciones

Después de conocer el “milagro” de las vocaciones ocurrido en el pequeño pueblo de Lu Monferrato, Sonia y un grupo de madres que tenían en común contar con hijos sacerdotes o hijas religiosas en sus familias decidieron unirse en oración de manera organizada.
Así comenzó a tomar forma un nuevo apostolado, con la ayuda de sacerdotes y se creó la página para coordinar las 40 horas de adoración, una idea magnánima que tiene como propósito volver a encender el corazón de las madres y ayudar a Dios en la salvación de las almas.
En el libro Un pueblo único en el mundo el secreto de las Vocaciones de Lu se cuenta que un grupo de mujeres comenzó a unir sus oraciones con una sola intención pidiendo a Dios por el aumento de vocaciones.
Citando a Mons. Demetrio Fernández de Córdoba (España), afirma que es necesario “crear un clima vocacional, de manera que un niño, un adolescente, un joven pueda percibir con nitidez la llamada de Dios y pueda responder sin mayores dificultades”. Lo que ocurrió en Lu Monferrato fue precisamente esa perfecta dualidad: oración y clima vocacional para dar como fruto un total de 323 sacerdotes, religiosos y religiosas.
Inspiradas en la oración que realizaba la comunidad de Lu Monferrato y adaptando el formato de adoración de las 40 horas, Sonia Ibarra y un grupo de mujeres han realizado esta adoración durante doce años de forma ininterrumpida y actualmente se ha extendido a nivel internacional.
Cada mes se realizan 40 horas de adoración los días 14, 15 y 16, en recuerdo del tiempo que Jesús permaneció en el sepulcro.
Durante esta jornada mensual de adoración, las participantes pueden dedicar una, dos o más horas de oración. Cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, puede unirse ofreciendo este tiempo por la santificación de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones a la vida consagrada.

La página es www.40horas.org y lo único que deben hacer es un registro sencillo con su nombre y elegir la fecha y la hora en que desean participar. También lo pueden hacer uniéndose a través de la aplicación WhatsApp con el número +541551773843.
Sonia afirmó que lo ideal es realizar la adoración ante el Santísimo Sacramento; sin embargo, explicó que también puede hacerse desde casa, preparando un espacio especial de oración, encendiendo una vela o cirio y ante alguna imagen sagrada.
Añadió que incluso las mujeres que dedican su tiempo al cuidado de sus hijos pequeños, de algún enfermo o que están realizando las tareas del hogar, como cocinar, pueden ofrecer ese momento al Señor como parte de su oración y entrega.
“Lo que buscamos”, dijo Sonia, “es mover el corazón de Jesús, que espera ser enternecido por nuestra oración al pedir por el aumento de las vocaciones, así como por la santidad y perseverancia de los sacerdotes y religiosas”. Añadió que Él está siempre dispuesto a conceder incluso más de lo que necesitamos.
“Pedimos bendiciones para todos los sacerdotes que atraviesan dudas, ataques y tentaciones, para que permanezcan firmes en su vocación”, expresó Sonia.
Asimismo, señaló que también oran por aquellos jóvenes que han sido llamados a la vida consagrada, para que puedan vencer los obstáculos y dar el paso de ingresar al seminario o al noviciado.
Entre el hogar y la parroquia florecen las vocaciones
Sonia. Señaló que el gran reto de la actualidad es que, a diferencia de la época en que llegaron los primeros misioneros a evangelizar nuestros países, las personas no conocían la fe, pero ahora están en contra de ella.
“Es importante desde las parroquias hacer comunidad y la parroquia debe darle a la familia todo lo que necesita para que ellos regresen a ella, que encuentren el buen pastor que los cobije, una comunidad que sea amiga que se practique la caridad y la generosidad”.
En la familia, el papel de la mujer es importante, y tiene un don grande de intimidad con Dios desde su punto de vista, Sonia resaltó: “veo que el camino es volver a cambiar a la mujer y a la familia, que ella pueda hacer que crezcan esas llamitas, porque también los que se casan son capaces de elegir a una mujer buena y formar familias santas”.
“Tenemos que hacer visibles para los niños la vida de los santos y acercárselas para que puedan ver en ellos modelos de vida. Si tienen lecturas piadosas, Dios por medio de ellas, enciende pequeñas llamas en sus corazones”. Expresó Sonia.
Todo forma parte del esfuerzo de las madres de familia, cuyo papel —recordó Sonia— fue también reconocido por San Juan Pablo II como una misión de colaborar con Jesús en la salvación de las almas. “Porque nuestra maternidad no abarca solo a nuestra familia, sino al mundo entero”, expresó.

La fuerza que tiene la oración es muy importante si queremos que nuestros hijos sean santos y lo pedimos con fuerza, ellos serán grandes santos porque Dios es fiel a sus promesas y no se deja ganar en generosidad.
“Dios no solo nos ha pedido, sino que nos ha mandado orar por las vocaciones”, afirmó Sonia recordando del Evangelio según San Mateo 9, 38: “Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha”.
Finalmente, expresó lo importante que es poner a la Virgen en un lugar muy especial dentro de su familia porque “la Virgen es todo”, dijo Sonia, “es importante que consagren sus hijos a la Virgen María, y de rodillas decirle: te lo entrego para que lo hagas santo”. Eso es lo que han hecho los santos consagrase y consagrar a su familia a la Santísima Virgen, añadió.
Para los sacerdotes una recomendación especial es consagrar a la comunidad parroquial a Jesús por medio de María.
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