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Del Hosanna a la Resurrección: Camino de la Semana Santa


Por el diácono Salvador Carranza



Domingo de Ramos,  los fieles conmemoraron la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)
Domingo de Ramos, los fieles conmemoraron la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)

Domingo de Ramos


Comenzamos con la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén montado en un asno, mientras clamamos “¡Hosanna!” (“Sálvanos, te rogamos”). Una súplica de liberación que se transformó en un grito de alabanza. Poco después, el ambiente cambia drásticamente hacia la Pasión. Este contraste sirve como un “espejo” para el corazón humano, reflejando la rapidez con la que podemos pasar de la devoción a la negación.


Triduo Pascual (del latín triduum ‘espacio de tres días’.)


El Triduo Pascual se considera como una única celebración que se extiende tres días cronológicos. No hay bendición final el Jueves Santo ni el Viernes Santo; en su lugar, las celebraciones simplemente se pausan y se reanudan. Esta estructura invita al creyente a “velar y orar” con Cristo a lo largo de su pasión, muerte y resurrección.


Como signo de recogimiento, las imágenes se cubren durante este tiempo litúrgico. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)
Como signo de recogimiento, las imágenes se cubren durante este tiempo litúrgico. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)

Jueves Santo (Día 1):


El Triduo Pascual comienza con la Misa de la Cena del Señor. Durante esta celebración conmemoramos la institución de la Eucaristía, el sacerdocio y recordamos el lavatorio de pies a través de lo cual el Señor nos enseña que el liderazgo y la fe deben basarse en el servicio y la humildad hacia los demás.


Jueves Santo se conmemora la institución de la Eucaristía. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)
Jueves Santo se conmemora la institución de la Eucaristía. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)

El Jueves Santo simboliza el amor de entrega de Jesucristo, quien estableció un vínculo perpetuo con sus seguidores al transformar una comida de servicio en un sacrificio divino que alimenta el alma y prescribe una vida de humilde caridad hacia los demás.



El Jueves Santo, en un gesto de humildad y servicio, el lavatorio de los pies recuerda el ejemplo de Cristo durante la última Cena, invitando a vivir el amor al prójimo.  En la Imagen, el Padre  Hippolytus Ezenwa, SMMM, párroco de  Sacred Heart, en Boise, lava los pies a uno de sus parroquianos (ICR foto/ Vero Gutiérrez)
El Jueves Santo, en un gesto de humildad y servicio, el lavatorio de los pies recuerda el ejemplo de Cristo durante la última Cena, invitando a vivir el amor al prójimo. En la Imagen, el Padre Hippolytus Ezenwa, SMMM, párroco de Sacred Heart, en Boise, lava los pies a uno de sus parroquianos (ICR foto/ Vero Gutiérrez)

Viernes Santo (Día 2)


Este es un día solemne de oración y ayuno, centrado en la crucifixión y muerte de Jesús. No se celebra la Misa; en su lugar, tiene lugar la Celebración de la Pasión del Señor, que habitualmente incluye la lectura de la Pasión y la veneración de la Cruz.


El Viernes Santo representa el acto supremo de amor divino y sacrificio, en el que la muerte de Jesucristo es vista como la expiación necesaria por los pecados de la humanidad para lograr la reconciliación con Dios.


Verenación de la Santa Cruz
Verenación de la Santa Cruz

Sábado Santo (Día 3)


El Sábado Santo comienza como un día de serena reflexión sobre la sepultura de Jesús. Tras la puesta del sol, comienza la Vigilia Pascual el “punto culminante” del Triduo Pascual, celebrando la victoria de Cristo sobre la muerte.



El Sábado Santo, la comunidad se reúne en torno al fuego nuevo, símbolo de la luz de Cristo que vence la oscuridad.
El Sábado Santo, la comunidad se reúne en torno al fuego nuevo, símbolo de la luz de Cristo que vence la oscuridad.

Domingo de Pascua


El Domingo de Pascua simboliza el triunfo de la vida sobre la muerte y el cumplimiento de la promesa divina a través de la resurrección de Jesucristo, ofreciendo a los creyentes un sentido de renovación espiritual y la esperanza de la vida eterna.


“No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho” (Mateo 28, 6).


Como parte de la liturgia Bautismal, durante la Vigilia Pascual, El Padre  Ezenwa, bendice el agua,  seguido de la celebración de bautizos  y renovación de la promesas bautismales. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)
Como parte de la liturgia Bautismal, durante la Vigilia Pascual, El Padre Ezenwa, bendice el agua, seguido de la celebración de bautizos y renovación de la promesas bautismales. (ICR foto/ Vero Gutiérrez)

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